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Nutrición oncológica:

Pérdida de apetito

Pérdida de apetito y alteraciones del gusto

Muchas veces la enfermedad o su tratamiento produce falta de apetito o cambios en el gusto o el olor de los alimentos. También puede ocurrir que algunos alimentos te provoquen náusea. Si notas que no tienes apetito, que éste disminuyó o que te sientes lleno al poco tiempo de empezar a comer y los alimentos saben diferente o no tienen sabor, sigue estas indicaciones:

Mujer rechazando un platillo.

Te recomendamos:

  • Hacer comidas pequeñas, pero varias veces al día (de 6 a 10 tomas).
  • Comer en ambientes agradables, relajados y acompañado.
  • Dar preferencia a los alimentos que más te apetezcan.
  • Comer más a las horas en que tengas mayor apetito (suele ser el desayuno).
  • Procurar dar variedad al tipo de alimentos y la forma de cocinarlos.
  • Tomar alimentos líquidos si te despiertas en la noche: leche, jugo, malteada de frutas con leche, yogur o suplementos alimenticios indicados por el nutriólogo.
  • Añade miel, almendras, nueces, cacahuates o cereales a tus preparaciones para incluir más calorías.
  • Usar hierbas aromáticas (orégano, romero, albahaca) y otros ingredientes en las carnes y pescados, en las verduras, pastas, arroz, papas y sopas, si no te saben a nada los alimentos.
  • Si no soportas las carnes rojas, prueba tomarlas maceradas con fruta, vino dulce o con salsas hechas con estos ingredientes. Si es necesario, sustitúyelas por carne de ave, huevo, quesos o leche. Si las cantidades que logras comer son pequeñas, toma un suplemento proteico.
  • Si la falta de apetito es intensa y persistente y no consigues comer cantidades suficientes, toma un suplemento calórico indicado por el nutriólogo.
  • Si a pesar de todo pierdes peso, consulta al Servicio de Nutrición Oncológica de Médica Sur.

Evita:

  • Quedarte sin desayunar si te levantas tarde: desayuna en la cama.
  • Saltarte algún tiempo, aunque tengas que salir o realizar otras actividades: si tienes que salir, llévate tus alimentos para comer a tu hora.
  • Tomar los alimentos muy fríos o muy calientes, ya que pierden sabor.

Condimentos: color y sabor para los alimentos

Lograr platos apetecibles, sabrosos, originales o llamativos mediante el uso de condimentos nos permite transformar una receta común en un plato especial. Para sacar el mayor provecho, habremos de conocer y distinguir los sabores y aromas de cada uno de ellos y los que surgen al combinarlos. De acuerdo a los especialistas en gastronomía, los condimentos deben proporcionar un contraste o aroma al plato, sin anular el sabor del ingrediente principal. La regla aconseja que se añadan en cantidad modesta y poco antes de acabar de preparar el plato, dejándolos cocer un rato para que se pueda extraer su máximo sabor.

Los condimentos más utilizados son las hierbas aromáticas, la sal, el vinagre, el limón, el ajo y las especias como pimienta blanca o negra, clavo y nuez moscada.

Se usan en la cocina con fines gastronómicos y por los efectos benéficos que tienen algunas plantas. Siempre se han de emplear en dosis controladas y teniendo en cuenta sus posibles efectos secundarios. Su delicado sabor puede reemplazar al de muchas especias. Con excepción del laurel, que se usa en seco, las hierbas aromáticas aportan más sabor y aroma a los platos si son frescas. Gracias a los aceites esenciales que contienen, constituyen un acompañamiento ideal para los alimentos.

Sus propiedades son:

  • Eupépticas, es decir, que tonifican los procesos digestivos y facilitan la digestión. Es el caso del eneldo, las alcaparras, el laurel, la salvia, el romero, perejil, albahaca, tomillo, comino y ajedrea (un sustituto más saludable de la pimienta).
  • Carminativas, es decir, que evitan o reducen los gases intestinales. En este grupo se encuentran el eneldo, hinojo, laurel, tomillo, anís verde, orégano y la ajedrea.
  • Antisépticas, que inhiben el crecimiento microbiano, como el ajo, el limón, tomillo y salvia.

Vinagre: se obtiene por medio de la fermentación del vino de uva, aunque también los hay de manzana, frambuesa, caña, etc. y pueden estar aromatizados con hierbas. Por su acidez no se recomienda para personas de estómago delicado, pero utilizado con mesura aporta un contrapunto interesante en vinagretas, verduras, pescados a la plancha y algunas salsas.

Limón: realza el sabor del pescado blanco y le confiere firmeza si se macera en crudo. En la elaboración de postres, el limón corrige sabores demasiado dulces o aporta contraste cuando las frutas tienen poco sabor. Para quien sigue una dieta de protección gástrica, el limón es más adecuado que el vinagre en las vinagretas. Su jugo disimula la falta de sal.

La mayoría de las especias estimulan los procesos digestivos y evitan las flatulencias, pero resultan excitantes e irritan la mucosa gástrica. Deben emplearse en poca cantidad. No conviene que las incluyan en su dieta quienes padecen de estómago delicado (gastritis, úlceras), pero son interesantes para regímenes bajos en sal, ya que concentran bastante sabor y pueden sustituir la sal.

  • Chile: fruto de sabor muy picante. Se desaconseja su uso en caso de úlcera gastroduodenal, gastritis, colitis ulcerosa y hemorroides.
  • Pimienta: frutos secos con cáscara (pimienta negra) o sin ella (pimienta blanca) de un arbusto originario de la India. Su sabor picante, más intenso en la pimienta negra, se debe al alcaloide piperina, que estimula la producción de jugos digestivos irritando las mucosas digestivas.
  • Pimentón: pimiento rojo, seco y molido. Si es picante, se debe añadir en poca cantidad, debido a su concentrado sabor.
  • Clavo: posee propiedades aperitivas, aunque en dosis elevadas irrita el conducto digestivo.
  • Jengibre: de sabor dulce e intensamente aromático, se emplea en guisos y para frutas en conserva.

Las siguientes especias son difíciles de digerir, sobre todo cuando se emplean crudas o rehogadas en aceite. No convienen a quienes tienen un estómago delicado. Cocidas resultan más suaves, de ahí que se pueda utilizar cebolla o puerro como aromatizantes de un caldo.

  • Ajo: su sabor reemplaza al de especias más fuertes. Tiene muchas propiedades antisépticas y diuréticas.
  • Cebolla: si se emplea cruda para ensaladas, debe dejarse en remojo en agua fría para que su sabor no resulte demasiado fuerte. También se puede emplear la cebolleta (o cebolla cambray) que es más suave.
  • Puerro: es más dulce y suave que la cebolla.
  • Chalota (o echalote): es más suave que la cebolla y el ajo.

Son muy sabrosos, pero su uso habitual puede provocar indigestión y gastritis, especialmente en personas con estómagos delicados.

  • Curry: es una salsa picante que contiene pimienta, jengibre, clavo, nuez moscada, cúrcuma y hasta 14 ingredientes más. El curry comercial lleva sal, por lo que no debe emplearse en dietas bajas en sodio.
  • Mostaza: se elabora con semillas de mostaza trituradas, vinagre, sal y azafrán o cúrcuma, un colorante amarillo que se extrae de una planta del mismo nombre. Las semillas más fuertes se obtienen de la mostaza negra y liberan su sabor cuando se mojan. La mostaza comercial lleva sal, por lo que no debe utilizarse en dietas bajas en sodio.
  • Catsup: mezcla tomate, vinagre, azúcar y especias.
  • Salsa Tabasco: mezcla chiles, vinagre y especias. Como es irritante su uso debe ser moderado.
  • Salsa inglesa: tiene melaza de caña de azúcar y especias picantes. Se usa para aromatizar hamburguesas y otras carnes.

Se usan en la cocina con fines gastronómicos y por los efectos benéficos que tienen algunas plantas. Siempre se han de emplear en dosis controladas y teniendo en cuenta sus posibles efectos secundarios. Su delicado sabor puede reemplazar al de muchas especias. Con excepción del laurel, que se usa en seco, las hierbas aromáticas aportan más sabor y aroma a los platos si son frescas. Gracias a los aceites esenciales que contienen, constituyen un acompañamiento ideal para los alimentos.

Sus propiedades son:

  • Eupépticas, es decir, que tonifican los procesos digestivos y facilitan la digestión. Es el caso del eneldo, las alcaparras, el laurel, la salvia, el romero, perejil, albahaca, tomillo, comino y ajedrea (un sustituto más saludable de la pimienta).
  • Carminativas, es decir, que evitan o reducen los gases intestinales. En este grupo se encuentran el eneldo, hinojo, laurel, tomillo, anís verde, orégano y la ajedrea.
  • Antisépticas, que inhiben el crecimiento microbiano, como el ajo, el limón, tomillo y salvia.

Vinagre: se obtiene por medio de la fermentación del vino de uva, aunque también los hay de manzana, frambuesa, caña, etc. y pueden estar aromatizados con hierbas. Por su acidez no se recomienda para personas de estómago delicado, pero utilizado con mesura aporta un contrapunto interesante en vinagretas, verduras, pescados a la plancha y algunas salsas.

Limón: realza el sabor del pescado blanco y le confiere firmeza si se macera en crudo. En la elaboración de postres, el limón corrige sabores demasiado dulces o aporta contraste cuando las frutas tienen poco sabor. Para quien sigue una dieta de protección gástrica, el limón es más adecuado que el vinagre en las vinagretas. Su jugo disimula la falta de sal.

La mayoría de las especias estimulan los procesos digestivos y evitan las flatulencias, pero resultan excitantes e irritan la mucosa gástrica. Deben emplearse en poca cantidad. No conviene que las incluyan en su dieta quienes padecen de estómago delicado (gastritis, úlceras), pero son interesantes para regímenes bajos en sal, ya que concentran bastante sabor y pueden sustituir la sal.

  • Chile: fruto de sabor muy picante. Se desaconseja su uso en caso de úlcera gastroduodenal, gastritis, colitis ulcerosa y hemorroides.
  • Pimienta: frutos secos con cáscara (pimienta negra) o sin ella (pimienta blanca) de un arbusto originario de la India. Su sabor picante, más intenso en la pimienta negra, se debe al alcaloide piperina, que estimula la producción de jugos digestivos irritando las mucosas digestivas.
  • Pimentón: pimiento rojo, seco y molido. Si es picante, se debe añadir en poca cantidad, debido a su concentrado sabor.
  • Clavo: posee propiedades aperitivas, aunque en dosis elevadas irrita el conducto digestivo.
  • Jengibre: de sabor dulce e intensamente aromático, se emplea en guisos y para frutas en conserva.

Las siguientes especias son difíciles de digerir, sobre todo cuando se emplean crudas o rehogadas en aceite. No convienen a quienes tienen un estómago delicado. Cocidas resultan más suaves, de ahí que se pueda utilizar cebolla o puerro como aromatizantes de un caldo.

  • Ajo: su sabor reemplaza al de especias más fuertes. Tiene muchas propiedades antisépticas y diuréticas.
  • Cebolla: si se emplea cruda para ensaladas, debe dejarse en remojo en agua fría para que su sabor no resulte demasiado fuerte. También se puede emplear la cebolleta (o cebolla cambray) que es más suave.
  • Puerro: es más dulce y suave que la cebolla.
  • Chalota (o echalote): es más suave que la cebolla y el ajo.

Son muy sabrosos, pero su uso habitual puede provocar indigestión y gastritis, especialmente en personas con estómagos delicados.

  • Curry: es una salsa picante que contiene pimienta, jengibre, clavo, nuez moscada, cúrcuma y hasta 14 ingredientes más. El curry comercial lleva sal, por lo que no debe emplearse en dietas bajas en sodio.
  • Mostaza: se elabora con semillas de mostaza trituradas, vinagre, sal y azafrán o cúrcuma, un colorante amarillo que se extrae de una planta del mismo nombre. Las semillas más fuertes se obtienen de la mostaza negra y liberan su sabor cuando se mojan. La mostaza comercial lleva sal, por lo que no debe utilizarse en dietas bajas en sodio.
  • Catsup: mezcla tomate, vinagre, azúcar y especias.
  • Salsa Tabasco: mezcla chiles, vinagre y especias. Como es irritante su uso debe ser moderado.
  • Salsa inglesa: tiene melaza de caña de azúcar y especias picantes. Se usa para aromatizar hamburguesas y otras carnes.

Ventajas de los condimentos

  • Son aperitivos, estimulan el apetito al aumentar el sabor y aroma de los platos.
  • Aumentan las secreciones que normalmente se vierten al conducto digestivo, necesarias para la digestión.
  • Reducen la flatulencia, ayudan a disminuir los gases intestinales.
  • Pueden sustituir a la sal, lo que resulta muy positivo para los hipertensos y quienes padecen insuficiencia cardiaca o renal.
  • Favorecen la conservación de los alimentos: el tomillo, el chile y especias como el clavo o la canela poseen propiedades antifúngicas, es decir, inhiben el crecimiento de los hongos.

Inconvenientes de los condimentos

  • Irritan la mucosa del estómago, pues logran una mayor producción de jugos gástricos.
  • Producen alergias. Son numerosos los casos de alergia facial (picor de nariz, estornudos, tos), digestiva (dolores abdominales, picor anal) o cutánea por contacto con la piel, por inhalación del polvillo que desprenden o por ingestión de diversas especias.
  • Con el tiempo, si el sentido del gusto se habitúa a las especias, la percepción del sabor de los alimentos en su estado natural podría experimentarse como insípida haciendo que la persona requiera de más condimentos para percatarse del sabor.
  • Ocultan el deterioro de los alimentos. Antes de que existieran los modernos métodos de conservación (refrigeración, congelación y aditivos) las especias se usaban para disimular el mal estado de alimentos, especialmente carnes y pescados.
  • Aumentan la necesidad de ingerir líquidos con las comidas, lo que diluye los jugos gástricos y hace más lenta la digestión.

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